Categories El BolsónRío Negro

LA HISTORIA QUE NO SE CUENTA Y SE ESCONDE CON OTRAS HISTORIAS

De simple abogada a secretaria de gobierno. Después concejal y más tarde defensora de pobres y ausentes. La historia de una mujer que esconde sus negociados con tierras, entre el Estado y las comunidades originarias, escudándose en la defensa de los derechos Mapuches.

La abogada Teresa Hube ha probado todos los caminos para ocultar un negocio de 600 hectáreas en Lago Puelo. Pasó de la militancia ambientalista a erigirse como defensora de los pueblos originarios. Coqueteó luego con partidos supuestamente “progresistas” como Proyecto Sur de Pino Solanas y el ARI de Magdalena Odarda. Pero no resiste la historia. Ahora es defensora de “pobres y ausentes”.

Toda la zona de El Bolsón y alrededor, está cargada de preguntas que pocos pueden responder e intereses sobre las tierras que se ocultan con otros intereses, otras tierras y nuevas historias que se construyen para esconder negociados y el daño a los viejos pobladores.

Una camioneta que anduvo dos meses después de hacer la transacción y que en algunos casos la podemos ver todavía arrumbada en el campo del damnificado es uno de los ejemplos para demostrar cómo algunos se aprovecharon para cambiar una porción de tierra por baratijas.

Pero los espejitos de colores abundan ya que fueron ofrecidos siempre y en todo lugar. Lo que puede sorprender es el nivel de cinismo de los que sabiendo que eran ofrecedores de esos espejitos, buscaron esconder su daño, ocultos en causas que supuestamente defienden o defendieron a los mismos que ellos perjudicaron.

Una forma también de ofrecer esos espejitos, denostando y aprovechándose de la ignorancia de los viejos pobladores fue a través de causas judiciales, donde un conjunto de abogados se vieron beneficiados con la adquisición de tierras como parte del pago. Algo netamente mercantilista y propio de cualquiera que ofrezca un servicio y pretenda cobrar por él. Lo extraño es que luego de haber cobrado, han apuntado contra el “mercantilismo”, se embarcaron en la defensa de los originarios o se embanderen en favor de la tierra. Claro, nunca la de ellos.

Don Pedro Motoco, (alocado en lengua araucana) Cardenas, era un mercachifle y aventurero chileno que llegó a la región a finales del 1800. Lo hizo junto a su compañera, una joven mujer criolla que conoció en un campamento mapuche en cercanías de lo que hoy es Zapala, donde solía comercializar mercancías que traía del vecino país.

Se asentaron sobre la margen occidental del Río Azul, a 5 km de su desembocadura en el Lago Puelo.

Su vida transcurrió sin sobresaltos, tuvieron hijos y nietos. Pero poco a poco, sus descendientes fueron migrando a otras localidades en busca de mejores condiciones laborales. Don “Motoco” muere y años más tarde también su mujer.

Las tierras quedaron sin ocupación durante más de 30 años hasta que en la década del 70, el gobierno de facto municipal (en Lago Puelo), inicia los trámites para hacer uso de ellas.

En ese momento, los descendientes Pedro Cárdenas comenzaron a regresar a la zona desde diferentes ciudades donde se habían asentado, como Comodoro Rivadavia, Bariloche o Neuquén.

Uno de los primeros en regresar es Don Fernando Cardenas y se encuentra con que además del Estado Municipal, había particulares interesados en sus tierras. Como el reconocido médico de la zona, Oscar Fatorinni y su esposa, en ese momento, la abogada Teresa Hube. Ambos, ocupantes de una pequeña parcela lindera a las tierras de los Cardenas.

Es entonces donde se entablan luchas infructuosas, durante varios años, hasta que finalmente en 1990, Fatorinni, de la mano del ex intendente Eduardo Daniel, gana un lugar dentro del Deliberante en Lago Puelo.

Ya es posible imaginar el desenlace de esta historia, pero no termina ahí. La esposa de Fattorinni, la doctora Teresa Hube, pasa a ocupar el cargo de Secretaria de Gobierno y entonces comienza el conflicto que conocemos en el presente.

A fin de disimular la maniobra de trasferencia de tierras, ya acordada con el gobierno municipal, se crea una “sociedad secreta”, Cardenas/fatorinni, donde este último se encargaría de facilitar los medios para el otorgamiento de las tierras en cuestión (es decir, la tierra que habían ocupado pero no tenían título).

Para que eso sucediera, los Cárdenas debían constituirse en una Comunidad Mapuche y de ese modo, obtener los beneficios que la ley otorgaba. Pero la cosa no quedaba ahí. Debían actuar como una suerte de testaferros del matrimonio Fatorinni/Hube. Todo parecía cerrar e iba sobre ruedas, aunque en apariencias.

De las 60 hectáreas que inicialmente reclamaban los Cárdenas, de un día para otro se les otorgaron 600.

Los poco que se dieron cuenta de ese “0” de más, miraron para otro lado y lo que a primera vista parecía un negocio redondo, se complicó a la hora de hacer la repartija. Las partes de aquella peligrosa sociedad, la de un médico reconocido y concejal, junto a una abogada devenida en secretaria de gobierno y un criollo extranjero que se convertiría en Mapuche, fue algo explosivo que no resistió la pelea de intereses.

La ambición extrema del matrimonio de profesionales que, no conforme con el defalco que hacían al Estado Municipal, querían también aprovecharse de los Cárdenas pretendiendo otorgarles una mínima porción del magistral negocio parece que habían olvidado que los Cárdenas no tenían sangre originaria sino de comerciantes, porque así logró vivir don Pedro Motoco todo el tiempo desde que se cruzó de Chile hasta que murió. Comprando y vendiendo y sus hijos heredaron esas condiciones.

No lograron acordar en el momento y desde entonces, su ha generado el conflicto que conocemos en estos días. Una historia de avivada y picardía criolla, que después se escondió en marchas, reclamos y manifestaciones (por ejemplo de la doctora Hube), en contra de terratenientes o la “oligarquía”, como le gusta decir.

Desde entonces, Los Cárdenas comienzan a “reclutar” gente que pueda comprobar algún parentesco, a los fines de tener presencia en el lugar donde algunos solo pueden demostrar una permanecía temporal, aunque suficiente para hacer el reclamo. Además de gestar una inteligente maniobra para involucrarse con la política y así obtener alguna ventaja. Lo que se puede decir es que si algo aprendieron los Cárdenas fue a copiar la avivada de la doctora y el médico.

Hoy, luego de haber escuchado a la abogada durante su paso en el Concejo deliberante de El Bolsón, hablando en contra de quienes abusan contra los pueblos originarios y siendo abanderada de las causas mapuches, por ejemplo, la misma doctora que abusó contra el Estado provincial y quiso abusar contra una familia antigua pobladora, es DEFENSORA DE POBRES.

La historia es real, el cinismo fue aportado por la abogada y el médico y las risas corren por tu cuenta. Tal vez sea mejor reír que llorar.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *