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La perversa historia de los ambientalistas mentirosos

Una radio, un grupo de personas, varias mentiras y un conjunto de incongruencias que develan finalmente que lo importante es “no me importa nada”.
Desgraciadamente hemos escuchado un sinfín de manifestaciones en defensa de lo indefendible. No porque no se pueda defender sino porque obstinación y el terrorismo en las expresiones no conducen a nada.


Todos saben que después de mentir varias veces sobre algo, una duda queda y es así como se puede armar un escenario falaz que hasta los inventores terminan por creerse el verso. Claro, mientras tanto se usa a muchas otras personas que creen; que simplemente toman lo discursivo porque es común, porque produce interés o sensibilidad. Pero termina siendo casi cruel el desencanto, el descubrimiento de que los intereses que persiguieron aquéllas palabras “loables”, no son más que la perversidad de quienes se creen con el derecho de usar a las personas y peor aún, tras los micrófonos de una radio. Perverso; atroz; denigrante y de la inusitada estupidez que es capaz de creer que todos somos estúpidos.
Eso es lo que describe a los integrantes del “Colectivo Alas”, quienes después de no haber recibido el mínimo acompañamiento de la sociedad en la colecta que hicieron para no quedarse sin sede, le pagan como reacción a la sociedad con esta mugre. Porque como la producen ellos no es daño ambiental. Porque por ser dejada en la calle esta basura que da vergüenza no afecta a nadie.
Saben por qué: porque a ellos jamás les importó nada salvo ellos. Salvo las verdades a medias que fueron capaces de difundir; las mentiras que son capaces de inventar y la mugre que supieron generar en la sociedad de El Bolsón. Esa mugre, como les importa nada, la dejan en la calle. A las pruebas nos remitimos.
Pero en su perversidad no son capaces tampoco de ver el vacío y la espalda que la sociedad les dio y en su necedad, responden de esta forma.
Deberían ir a limpiar la esquina y la sociedad de El Bolsón debería impedir que usen los espacios o lugares comunes o públicos, porque no lo merecen.

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